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Rincón para seguir las principales noticias de la Iglesia, del mundo y de nuestra orden.

 

También aparecerán otras propuestas e iniciativas interesantes de información y formación que puedan ayudar a nuestro crecimiento personal y eclesial.

 

Discurso del papa a la curia vaticana


 

Discurso del Papa a la Curia

 

"Tú estás sobre los querubines,

tu que has cambiado la miserable condición del mundo

cuando te has hecho como nosotros" (San Atanasio).

 

 

Queridos hermanos, Al término del Adviento nos encontramos para los tradicionales saludos. En pocos días tendremos la alegría de celebrar la Navidad del Señor; el evento de Dios que se hace hombre para salvar a los hombres; la manifestación del amor de Dios que no se limita a darnos alguna cosa o a enviarnos algún mensaje o ciertos mensajeros, sino que se nos da a sí mismo; el misterio de Dios que lleva sobre sí mismo nuestra condición humana y nuestros pecados para revelarnos su Vida divina, su gracia inmensa y su perdón gratuito. Es la cita con Dios que nace en la pobreza de la gruta de Belén para enseñarnos el poder de la humildad. De hecho, la Navidad es también la fiesta de la luz que no viene acogida de la gente ‘elegida' sino de la gente pobre y simple que esperaba la salvación del Señor.

 

Ante todo, quisiera desear a todos ustedes -colaboradores, hermanos y mujeres, representantes pontificios esparcidos por el mundo- y a todos sus queridos, una santa Navidad y un feliz Año Nuevo. Deseo agradecerles cordialmente por su compromiso cotidiano al servicio de la Santa Sede, de la Iglesia Católica, de las Iglesias particulares y del Sucesor de Pedro.

 

Puesto que somos personas y no números o denominaciones, recuerdo de manera especial aquellos que, durante este año, han terminado su servicio por razones de edad o por haber asumido otros roles, o porque han sido llamados a la Casa del Padre. También a todos ellos y sus familias van mis pensamientos y gratitud.

 

Deseo elevar con ustedes al Señor un profundo y sincero agradecimiento por el año que termina, por los acontecimientos vividos y por todo el bien que Él ha querido realizar generosamente a través del servicio de la Santa Sede, pidiéndole humildemente perdón por las faltas cometidas "en pensamientos, palabras, obras y omisiones".

 

Y partiendo de este pedido de perdón, desearía que nuestro encuentro y las reflexiones que voy a compartir con ustedes se conviertan, para todos nosotros, en un apoyo y un estímulo para un verdadero examen de conciencia para preparar nuestro corazón para la Navidad.

 

Pensando en este encuentro he recordado la imagen de la Iglesia como Cuerpo Místico de Jesucristo. Es una expresión que, como explicó el Papa Pío XII, "fluye y casi brota de lo que exponen con frecuencia las Sagradas Escrituras y los Santos Padres." En este sentido, San Pablo escribió: "Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo" (1 Cor 12,12).

 

En este sentido, el Concilio Vaticano II nos recuerda que "en la estructura del cuerpo místico de Cristo existe una diversidad de miembros y oficios. Uno es el Espíritu, que para la utilidad de la Iglesia distribuye sus diversos dones con generosidad proporcionada a su riqueza y a las necesidades de los ministerios (1 Cor 12,1-11)." Por lo tanto, "Cristo y la Iglesia forman el "Cristo total" - Christus Totus -. La Iglesia es una con Cristo."

 

Es hermoso pensar en la Curia Romana como un pequeño modelo de la Iglesia, es decir, como un "cuerpo" que intenta seriamente y cotidianamente ser más vivo, más sano, más armonioso y más unido en sí mismo y con Cristo.

 

En realidad, la Curia Romana es un cuerpo complejo, compuesto de muchos Dicasterios, Consejos, Oficinas, Tribunales, Comisiones y numerosos elementos que no tienen todos la misma tarea, pero que se coordinan para poder funcionar en modo eficaz, edificante, disciplinado y ejemplar, a pesar de las diferencias culturales, lingüísticas y nacionales de sus miembros.

 

De todos modos, siendo la Curia un cuerpo dinámico, no puede vivir sin alimentarse y cuidarse. De hecho, la Curia - como la Iglesia - no puede vivir sin tener una relación vital, personal, auténtica y equilibrada con Cristo. Un miembro de la Curia que no se alimenta todos los días con aquel Alimento se convertirá en un burócrata (un formalista, un funcionalista, un simple empleado): una rama que se seca y muere lentamente y se tira lejos. La oración diaria, la participación regular en los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la reconciliación, el contacto diario con la Palabra de Dios y la espiritualidad traducida en caridad vivida son el alimento vital para cada uno de nosotros. Que sea claro a todos nosotros que sin Él no podemos hacer nada (cf. Jn 15, 8).

Como resultado, la relación viva con Dios nutre y refuerza también la comunión con los demás, o sea, cuanto más estrechamente adherimos a Dios, más estamos unidos entre nosotros, porque el Espíritu de Dios nos une y el espíritu maligno divide.

 

La Curia está llamada a mejorar, siempre mejorar y crecer en comunión, santidad y sabiduría para realizar plenamente su misión. Sin embargo, como cada cuerpo, como todo cuerpo humano, está expuesto a la enfermedad, al mal funcionamiento. Y aquí me gustaría mencionar algunas de estas enfermedades probables, enfermedades de la curia. Las enfermedades más frecuentes en nuestra vida de la Curia son las enfermedades y tentaciones que debilitan nuestro servicio al Señor. Creo que nos va a ayudar el "catálogo" de las enfermedades - como los Padres del Desierto, que hacían catálogos - de las que hablamos hoy: nos ayudará a prepararnos para el Sacramento de la Reconciliación, que será un bello paso para todos nosotros para prepararnos para la Navidad.

 

1.              La enfermedad de sentirse "inmortal", "inmune" o incluso "indispensable" descuidando los necesarios y habituales controles. Una Curia que no se autocrítica, que no se actualiza, que no trata de mejorarse es un cuerpo enfermo. Una ordinaria visita a los cementerios podría ayudarnos a ver los nombres de tantas personas, de las que cuales algunas tal vez creíamos que eran inmortales, inmunes e indispensables. Es la enfermedad del rico insensato del Evangelio que pensaba vivir eternamente (cfr. Lc 12, 13-21) y también de aquellos que se transforman en patrones y se sienten superiores a todos y no al servicio de todos. Esta deriva frecuentemente de la patología del poder, del ‘complejo de los Elegidos', del narcisismo que mira apasionadamente la propia imagen y no ve la imagen de Dios impresa en el rostro de los otros, especialmente de los más débiles y necesitados. El antídoto a esta epidemia es la gracia de sentirnos pecadores y de decir con todo el corazón: ‘Somos siervos inútiles. Hemos hecho lo que teníamos que hacer' (Lc 17,10).

 

2. Otra: es la enfermedad del ‘martalismo' (que viene de Marta), de la excesiva laboriosidad: es decir de aquellos que se sumergen en el trabajo descuidando, inevitablemente, ‘la parte mejor': sentarse al pie de Jesús (cfr Lc 10, 38-42). Por esto Jesús ha llamado a sus discípulos a ‘descansar un poco', (cfr Mc 6,31) porque descuidar el necesario reposo lleva al estrés y a la agitación. El tiempo de reposo, para quien ha terminado la propia misión, es necesario, debido y va vivido seriamente: en el transcurrir un poco de tiempo con los familiares y en el respetar las vacaciones como momentos de recarga espiritual y física; es necesario aprender lo que enseña Eclesiastés que "hay un tiempo para cada cosa" (3,1-15).

 

3. También está la enfermedad de la ‘fosilización' mental y espiritual. Es decir, aquellos que poseen un corazón de piedra y ‘tortícolis' (At 7,51-60); de aquellos que, en el camino, pierden la serenidad interior, la vivacidad y la audacia y se esconden bajo los papeles convirtiéndose en ‘máquinas de prácticas' y no ‘hombres de Dios' (cfr. Eb 3,12). Es peligroso perder la sensibilidad humana necesaria para llorar con quienes lloran y alegrarse con aquellos que se alegran. Es la enfermedad de quienes pierden ‘los sentimientos de Jesús' (cfr Fil 2,5-11) porque su corazón, con el pasar del tiempo, se endurece y se convierte en incapaz de amar incondicionadamente al Padre y al prójimo (cfr Mt 22, 34-40). Ser cristiano, de hecho, significa ‘tener los mismos sentimientos que fueron de Jesucristo' (Fil 2,5), sentimientos de humildad y de donación, de desapego y de generosidad.

 

4. La enfermedad de la excesiva planificación y del funcionalismo. Cuando el apóstol planifica todo minuciosamente y cree que si hace una perfecta planificación las cosas efectivamente progresan, convirtiéndose de esta manera en un contador. Preparar todo bien es necesario, pero sin caer nunca en la tentación de querer encerrar o pilotear la libertad del Espíritu Santo que es siempre más grande, más generosa que cualquier planificación humana (cfr. Jn 3,8). Si cae en esta enfermedad es porque ‘siempre es más fácil y cómodo permanecer en las propias posturas estáticas e inmutables. En realidad, la Iglesia se muestra fiel al Espíritu Santo en la medida en que no tiene la pretensión de regularlo y de domesticarlo... -domesticar al Espíritu Santo- Él es frescura, fantasía, novedad.

 

5. La enfermedad de la mala coordinación. Cuando los miembros pierden la comunión entre ellos y el cuerpo pierde su armonioso funcionamiento y su templanza, se convierten en una orquesta que produce ruido porque sus miembros no colaboran y no viven el espíritu de comunión y de equipo. Cuando el pie dice al brazo: ‘no te necesito' o la mano dice a la cabeza ‘mando yo', causa malestar y escándalo.

 

6. La enfermedad del ‘Alzheimer espiritual', es decir el olvido de la ‘historia de la salvación', de la historia personal con el Señor, del ‘primer amor' (Ap 2,4). Se trata de una disminución progresiva de las facultades espirituales que en un más o menos largo período de tiempo causa serias discapacidades a la persona haciéndola incapaz de desarrollar alguna actividad autónoma, viviendo en un estado de absoluta dependencia de sus concepciones, a menudo imaginarias. Lo vemos en aquellos que han perdido la memoria de su encuentro con el Señor; en quienes no tienen sentido deuteronómico de la vida; en aquellos que dependen completamente de su presente, de las propias pasiones, caprichos y manías, en quienes construyen a su alrededor muros y hábitos se convierten, cada vez más, en esclavos de los ídolos que han esculpido con sus propias manos.

 

7. La enfermedad de la rivalidad y de la vanagloria. Cuando la apariencia, los colores de la ropa o las medallas honoríficas se convierten en el primer objetivo de la vida, olvidando las palabras de San Pablo: ‘No hagan nada por rivalidad o vanagloria, sino que cada uno de ustedes, con humildad, considere a los otros superiores a sí mismo. Cada uno no busque el propio interés, sino también el de los otros (Fil 2,1-4). Es la enfermedad que nos lleva a ser hombres y mujeres falsos y a vivir un falso ‘misticismo' y un falso ‘quietismo'. El mismo San Pablo los define ‘enemigos de la Cruz de Cristo' porque se jactan de aquello que tendrían que avergonzarse y no piensan más que a las cosas de la tierra (Fil 3,19).

 

8. La enfermedad de la esquizofrenia existencial. Es la de quienes viven una doble vida, fruto de la hipocresía típica del mediocre y del progresivo vacío espiritual que licenciaturas o títulos académicos no pueden llenar. Una enfermedad que sorprende frecuentemente a los que abandonan el servicio pastoral, se limitan a las cosas burocráticas, perdiendo de esta manera el contacto con la realidad, con las personas concretas. Crean así un mundo paralelo, en donde ponen de parte todo lo que enseñan severamente a los demás e inician a vivir una vida oculta y a menudo disoluta. La conversión es muy urgente e indispensable para esta gravísima enfermedad (cfr Lc 15, 11-32).

 

9. La enfermedad de los chismes, de las murmuraciones y de las habladurías. De esta enfermedad ya he hablado en muchas ocasiones, pero nunca lo suficiente. Es una enfermedad grave, que inicia simplemente, quizá solo por hacer dos chismes y se adueña de la persona haciendo que se vuelva ‘sembradora de cizaña' (como Satanás), y, en muchos casos casi ‘homicida a sangre fría' de la fama de los propios colegas y hermanos. Es la enfermedad de las personas cobardes que, al no tener la valentía de hablar directamente, hablan a las espaldas de la gente. San Pablo nos advierte: hacer todo sin murmurar y sin vacilar, para ser irreprensibles y puros (Fil 2,14.18). Hermanos, ¡cuidémonos del terrorismo de los chismes!

 

10. La enfermedad de divinizar a los jefes: es la enfermedad de los que cortejan a los superiores, esperando obtener su benevolencia. Son víctimas del carrerismo y del oportunismo, honran a las personas y no a Dios (cfr Mt 23-8.12). Son personas que viven el servicio pensando únicamente en lo que deben obtener y no en lo que deben dar. Personas mezquinas, infelices e inspiradas solamente por el propio egoísmo (cfr Gal 5,16-25). Esta enfermedad podría golpear también a los superiores cuando cortejan a algunos de sus colaboradores para obtener su sumisión, lealtad y dependencia psicológica, pero el resultado final es una verdadera complicidad.

 

11. La enfermedad de la indiferencia hacia los demás. Cuando cada uno sólo piensa en sí mismo y pierde la sinceridad y el calor de las relaciones humanas. Cuando el más experto no pone su conocimiento al servicio de los colegas menos expertos. Cuando se sabe algo se posee para sí mismo en lugar de compartirlo positivamente con los otros. Cuando, por celos o por astucia, se siente alegría viendo al otro caer en lugar de levantarlo y animarlo.

12. La enfermedad de la cara de funeral. Es decir, la de las personas bruscas y groseras, quienes consideran que para ser serios es necesario pintar el rostro de melancolía, de severidad y tratar a los demás -sobre todo a los que consideran inferiores- con rigidez, dureza y arrogancia. En realidad, la severidad teatral y el pesimismo estéril son a menudo síntomas de miedo y de inseguridad de sí. El apóstol debe esforzarse para ser una persona cortés, serena, entusiasta y alegre que transmite felicidad en donde se encuentra. Un corazón lleno de Dios es un corazón feliz que irradia y contagia con la alegría a todos los que están alrededor de él: se ve inmediatamente. No perdamos, por lo tanto, el espíritu alegre, lleno de humor e incluso auto-irónicos, que nos convierte en personas amables, también en las situaciones difíciles. Qué bien nos hace una buena dosis de un sano humorismo. Nos hará muy bien rezar frecuentemente la oración de Santo Tomás Moro: yo la rezo todos los días, me hace bien.

 

13. La enfermedad de la acumulación: cuando el apóstol trata de llenar un vacío existencial en su corazón acumulando bienes materiales, no por necesidad, sino solo para sentirse al seguro. En realidad, no podremos llevar nada material con nosotros porque ‘el sudario no tiene bolsillos' y todos nuestros tesoros terrenos -también si son regalos- no podrán llenar nunca aquel vacío, y lo harán más exigente y más profundo. A estas personas el Señor repite ‘tú dices soy rico, me he enriquecido, no tengo necesidad de nada. Pero no sabes que eres un infeliz, un miserable, un pobre, un ciego y desnudo... Sé pues celoso y conviértete' (Ap 3,17-19). La acumulación pesa solamente y ralentiza el camino inexorable. Pienso en una anécdota: un tiempo, los jesuitas españoles describían a la Compañía de Jesús como la ‘caballería ligera de la Iglesia'. Recuerdo la mudanza de un joven jesuita, mientras cargaba el camión de sus posesiones: maletas, libros, objetos y regalos, y escuchó, con una sabia sonrisa, de un anciano jesuita que lo estaba observando: ¿Esta sería la caballería ligera de la Iglesia? Nuestras ‘mudanzas' son signos de esta enfermedad.

 

14. La enfermedad de los círculos cerrados en donde la pertenencia al grupito se vuelve más fuerte de la pertenencia al Cuerpo y, en algunas situaciones, a Cristo mismo. También esta enfermedad comienza siempre de buenas intenciones, pero, con el paso del tiempo, esclaviza a los miembros convirtiéndose en un ‘cáncer' que amenaza la armonía del Cuerpo y causa tanto mal -escándalos- especialmente a nuestros hermanos más pequeños. La autodestrucción o el ‘fuego amigo' de las comilonas es el peligro más sutil. Es el mal que golpea desde dentro, y como dice Cristo, ‘cada reino dividido en sí mismo va a la ruina' (Lc 11,17).

 

15. Y la última, la enfermedad del provecho mundano, del exhibicionismo, cuando el apóstol transforma su servicio en poder, y su poder en mercancía para obtener provechos mundanos o más poderes. Es la enfermedad de las personas que buscan infatigablemente el multiplicar poderes y por este objetivo son capaces de calumniar, de difamar y de desacreditar a los demás, incluso en periódicos y en revistas. Naturalmente para exhibirse y demostrarse más capaces que los demás. También esta enfermedad hace mucho daño al Cuerpo porque lleva a las personas a justificar el uso de cualquier medio para alcanzar tal objetivo, a menudo en nombre de la justicia y de la transparencia. Recuerdo un sacerdote que llamaba a los periodistas para decirles -e inventar- cosas privadas y reservadas de sus hermanos y parroquianos. Para él, lo que contaba era verse en las primeras páginas, porque así se sentía ‘poderoso y vencedor', causando tanto mal a los otros y a la Iglesia. ¡Pobrecito!


Hermanos, estas enfermedades y tentaciones son naturalmente un peligro para cada cristiano y para cada curia, comunidad, congregación, parroquia, movimiento eclesial, y pueden golpear sea a nivel individual que comunitario.


Es necesario aclarar que es sólo el Espíritu Santo -el alma del Cuerpo Místico de Cristo, como afirma el Credo: ‘Creo... en el Espíritu Santo, Señor y vivificador'- quien cura cada enfermedad. Es el Espíritu Santo quien sostiene cada sincero esfuerzo de purificación y de cada buena voluntad de conversión. Es Él quien nos da a entender que cada miembro participa en la santificación del cuerpo y a su debilitamiento. Es Él el promotor de la armonía: ‘Ipse harmonia est', dice San Basilio. San Agustín nos dice: ‘Hasta que una parte se adhiere al cuerpo, su curación no es desesperada; aquello que fue cortado, no puede curarse ni sanar'.


La curación es también fruto de la conciencia de la enfermedad y de la decisión personal y comunitaria de curarse soportando pacientemente y con perseverancia la curación. Por lo tanto, estamos llamados -en este tiempo de Navidad y para todo el tiempo de nuestro servicio y de nuestra existencia- a vivir ‘según la verdad en la caridad, tratando de crecer en cada cosa hacia Él, que es el jefe, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien compaginado y conectado, mediante la colaboración de cada empalme, según la energía propia de cada miembro, recibe fuerza para crecer en manera de edificar a sí mismo en la caridad (Ef 4, 15-16).


Queridos hermanos, Una vez he leído que los sacerdotes son como los aviones: sólo hacen noticia cuando caen, pero hay muchos que vuelan. Muchos critican y pocos rezan por ellos. Es una frase muy simpática y muy cierta, porque indica la importancia y la delicadeza de nuestro servicio sacerdotal, y cuánto mal podría causar un solo sacerdote que ‘cae' a todo el cuerpo de la Iglesia. Por lo tanto, para no caer en estos días en los que estamos preparándonos a la Confesión, pidamos a la Virgen María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, curar las heridas del pecado que cada uno de nosotros lleva en su corazón y de sostener a la Iglesia y a la Curia de modo que sean sanos y re sanadores, santos y santificantes, a gloria de su Hijo y para nuestra salvación y del mundo entero. Pidamos a Él hacernos amar a la Iglesia como la ha amado Cristo, su hijo y nuestro Señor, y de tener la valentía de reconocernos pecadores y necesitados de su Misericordia y de no tener miedo a abandonar nuestra mano entre sus manos maternas.


Muchas felicidades por una santa Navidad a todos ustedes, a sus familias y a sus colaboradores. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Gracias de corazón.

 


Película sobre Pedro Casaldáliga

Descalzo sobre la tierra roja (1ª Parte).

 

Julio de 1968. Pedro Casaldáliga, un misionero de cuarenta años, llega a Brasil acompañado de Daniel, su ayudante, aun no ordenado sacerdote. La misión está en Säo Félix do Araguaia en una región habitada por pueblos indios y pobres campesinos que trabajan la tierra con sus manos.

 

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Descalzo sobre Tierra Roja (1ª Parte)


Descalzo sobre la tierra roja (2ª Parte).

Casaldàliga publica, sin el consentimiento de la Conferencia Episcopal de Brasil, el manifiesto - "Una iglesia de la Amazonia en conflicto con el latifundio y la marginación social" - que da la vuelta al mundo y pone en evidencia la situación inhumana que se vive en la región. 

 

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Descalzo sobre Tierra Roja (2ª Parte)


 ........Una sugerencia


Para entender planamente la película, tenéis debajo una pequeña biografía de Pedro Casaldáliga y su página web. Siempre es recomendable darse una vuelta de vez en cuando y conocer la vida y la historia de un hombre que es referente de fe en la defensa de los pobres y excluidos.

 

Este claretiano catalán nos puede ayudar a leer el evangelio con ojos de solidaridad fraterna y sentimientos de hermanos universales.




Pedro Casaldáliga

 

Nace en Balsareny, comarca del Bages, el 16 de febrero de 1928. Su infancia coincide con la guerra civil española. De muy joven ingresa en el seminario menor de la diócesis de Vic, ubicado en el santuario de Santa María de la Gleva. El deseo de ir a “misiones” hace que ingrese en la congregación claretiana, los Misioneros del Inmaculado Corazón de María; así empiezan los años de formación que le llevarán a Cervera, Barbastro, Vic, Solsona y Valls hasta ser ordenado sacerdote durante el Congreso Eucarístico de Barcelona en 1952. Sabadell será, después de un breve paso por Galicia, su primer destino. Empieza a trabajar en el colegio de los claretianos, pero la dedicación a la enseñanza no le priva de dedicar algunas horas a la radio, fundar la revista Euforia, realizar actividades con los inmigrantes murcianos que van llegando a la ciudad…

 

En 1958 es destinado a Barcelona, donde ejerce una múltiple actividad pastoral, se encarga de los “cursillos de Cristiandad”, escribe un programa de radio semanal que es retransmitido por once emisoras y colabora en diferentes publicaciones: Otro Cine, Universidad 61… A pesar de llevar un ritmo vertiginoso de trabajo le queda tiempo para intentar hacer algo por los inmigrantes que van llegando a Barcelona. Casaldáliga organiza con sus colaboradores una bolsa de trabajo que consigue trabajo para más de 500 jóvenes, se abre un local con duchas y ropa en el Casal Claret y organiza una escuela nocturna gratuita para jóvenes analfabetos y sin estudios.

 

De Barcelona es enviado a Guinea para promover los “cursillos de Cristiandad”. Allí lleva a cabo la experiencia de lo que fueron los llamados “cursillos mixtos”, en los que participan simultáneamente personas de diferentes colores de piel. Pedro dice sentir allí «furiosamente la llamada del Tercer Mundo». Guinea deja huella en Casaldáliga.

 

En 1965 es prefecto del Seminario Claret de Barbastro y al poco tiempo irá a Madrid para dirigir la antigua revista Iris de paz. Madrid le abre nuevas puertas: en la prensa, en los cursillos, entre los universitarios negros de Guinea, en los submundos que ya le eran familiares de Sabadell y Barcelona. Iris se convierte en una revista teñida de preocupación social. Tanto que un artículo suyo calificando de “decepcionante” una declaración del Episcopado Español, supone su destitución.

 

Asesor Nacional de los Cursillos de Cristiandad, Pedro hace lo que puede para ir impregnando las comunidades cristianas españolas del nuevo aire del Concilio. Junto con otros compañeros juega un papel fundamental en la renovación de su orden religiosa con su participación como delegado en el Capítulo General de Renovación de los Misioneros en 1967, que exigía el Vaticano II.

 

Un año más tarde, en 1968, es enviado al Mato Grosso (Brasil) junto con el padre Manuel Luzón. La Misión tiene 150.000 km2, de ríos, “sertão” y floresta, al noreste del Mato Grosso, dentro de la Amazonia llamada “legal”, entre los ríos Araguaia y Xingu. En todo el territorio viven entre 50 y 60 mil habitantes. El única carretera existente se está abriendo, roja y polvorienta. Lugar de extrema pobreza, sin médico, correo, luz, teléfono, telégrafo… La profesora más cualificada es una mujer con poco menos de un año y medio de estudios elementales. Los misioneros empiezan a hacer de enfermeros, supliendo los inexistentes médicos en la lucha contra la muerte: malaria, hepatitis, tétanos, deshidratación, desnutrición. En la primera semana de estancia debe enterrar cuatro niños en Sao Felix, más tarde tendrá que enterrar muchos otros. Poco a poco la situación va ofreciendo su cara real.

 

Las soluciones llegan poco a poco. Forman una escuela de segundo grado, para hacer frente al analfabetismo y un pequeño centro de asistencia médica. Se va construyendo un pequeño equipo misionero. La Misión se convierte en Prelatura: Prelatura de Sao Félix do Araguaia.

En 1970 escribe un informe-denuncia sobre la situación de explotación y abusos que reciben los peones titulado "Esclavitud y feudalismo al Norte del Mato Grosso", que no pasa inadvertido. Comienza a recibir advertencias de los terratenientes y latifundistas, e incluso de "voces amigas" de la Iglesia, pidiéndole que no se meta en cuestiones ajenas al ministerio sacerdotal. La policía federal controla sus pasos.

 

A pesar de los enemigos que va ganando, el Papa Pablo VI decide nombrarlo obispo. Casaldáliga quiere renunciar, pero sus compañeros lo convencen, ayudados por la petición de otros obispos brasileños. Al final acepta el cargo con una condición: que el hecho de ser obispo no suponga un cambio en su manera de actuar y convivir. El 23 de octubre de 1971 es consagrado obispo de la nueva prelatura de Sao Felix. De aquel día son estas palabras tan claras y significativas de su proyecto:

 

«Mi pobre vida no vale más que la de este peón de diecisiete años que hemos enterrado esta mañana en el cementerio de la Araguaia, sin nombre y sin féretro, este joven es la persona más importante de este día».

 

Su mitra es un sombrero de paja, su báculo un remo de madera, su anillo episcopal lo envía a su madre… Esta decisión la valoraba él más tarde con esta reflexión: «Eso sí, desde el primer momento quise ser Obispo de otra manera, mi báculo, mi mitra, mi anillo debían ser otros: los pobres y los muertos que me rodeaban, por el desafío que la Iglesia Latinoamericana y toda la Iglesia del postconcilio vivía en aquella hora».

 

Su primera carta pastoral es: Una Iglesia de Amazonia en conflicto con el latifundio y la marginación social. Más de 120 páginas de las que sólo 45 son creación del obispo, el resto son documentos en los que las víctimas del latifundio y sus testigos narran la realidad y presentan denuncias: hechos, estafas, chantajes, invasiones, malos tratos, torturas…

 

La vida de Casaldáliga es puesta a subasta, se ofrecen recompensas a quien logre apartarlo para siempre. Son amenazados tanto él como otros miembros del equipo de la prelatura. El peón Vicente Paulo de Oliveira, de la compañía Bordon SA, declara públicamente: «Benedito Teodoro Soares, el día 1 de octubre me pidió que matase al obispo Pedro, y para matarlo él me daría una pistola del 38 y un pasaje hacia donde quisiera. Y otra vez, el día 5 de octubre, me pidió insistentemente que matase al obispo Pedro, y si yo lo descubría él me mataría».

 

El año 1972 supone una agudización de los conflictos. Una empresa latifundista destruye un pequeño centro de asistencia médica que la Misión estaba construyendo en Santa Terezina. Casaldáliga y el equipo de la prelatura deciden reconstruirlo. Se produce un nuevo intento de invasión y destrucción. Participa también la policía estatal. Los “posseiros” se defienden a tiros. Hay heridos.

 

A finales de año Casaldáliga y su equipo publican los Objetivos y líneas básicas de la pastoral de la Prelatura, consecuencia de la detección de los problemas de la zona. Las líneas de acción son claras: la encarnación en la pobreza, en la lucha y en la esperanza del pueblo, la educación liberadora por la concienciación y la promoción humana y la denuncia profética.

El objetivo de Pedro y su equipo ha sido siempre dejar al pueblo ser protagonista de su propia historia: La iglesia de Sao Felix no quiere sustituir la lucha y la organización popular; procura ser instrumento de unión entre todos los trabajadores de la tierra… «Dando información se ha conseguido que estas organizaciones populares: sindicatos, directorios políticos, clubes de madres, etc, anden por sí mismos».

 

En este mismo sentido debe entenderse la colaboración con otros organismos que ha mantenido el obispo y su equipo: la CNBB (Confederación Nacional de Obispos de Brasil), la CPT (Comisión Pastoral de la Tierra) que prácticamente nació en Sao Felix y entonces se extendió por todo el país, el CIMI (Consejo misionero Indígena) y muchos otros.

 

1973 tampoco es un año tranquilo; el padre Jentel del equipo de la prelatura es condenado a 10 años de prisión “por atentar contra la Seguridad Nacional”. El equipo de la prelatura se encuentra vigilado por personal armado. Varios seglares son detenidos y llevados a Brasilia, otros en la sede de una conocida empresa latifundista. Las gestiones del presidente de la Conferencia Episcopal del Centro-Oeste hacen que los liberen cuatro días más tarde. Al cabo de unos cuantos días es el mismo obispo Pedro quien es interrogado un total de 16 horas en dos días. Las voces de protesta se levantan por todo el país: la Conferencia Nacional de Obispos, las Conferencias Regionales, sacerdotes, parte de la prensa, la Nunciatura Apostólica de Brasilia… El papa Pablo VI saca el caso en la toma de posesión del nuevo embajador brasileño de la Santa Sede. El Tribunal Supremo Militar anula la sentencia contra el padre Jentel, pero lo expulsa del país (él es francés). Casi 30 obispos llegan hasta Sao Felix a testimoniar su apoyo al obispo Pedro, y unos 18 mandan a sus representantes. El momento difícil se supera. Los seglares detenidos son puestos en libertad. No se han encontrado cargos contra ellos. A pesar de los rumores -muy extendidos- Casaldáliga no es expulsado del país.

 

Los años siguientes no están exentos de sangre y de dolor. El obispo poeta ha recogido sus experiencias de este período en un libro de título muy significativo: La muerte que da sentido a mi credo. Diario 1975-1977. En la lista de pequeños mártires de la lucha de cada día por la defensa de los derechos de todos, de la tierra, de la sanidad, se añadió un nombre: Joao Bosco Burnier, sacerdote jesuita, asesinado por la policía cuando, junto con el obispo Pedro, iba a interesarse por unas mujeres que estaban siendo torturadas en la comisaría de Riberas Bonito. Días después, el pueblo planta una cruz en el lugar donde fue asesinado su pastor y derriba la prisión. Desde entonces siempre se celebra el aniversario del martirio del padre Joao Bosco con la “Romería de los Mártires de la Caminhada Latinoamericana”.

 

Entre dificultades la palabra del equipo de Sao Felix se va haciendo creíble y prestigiosa. El obispo Pedro apeló al Parlamento, a la CPI, comisión encargada de los problemas relacionados con la tierra. Delante de ella no tiene ningún inconveniente en denunciar la miseria, inseguridad y desempleo permanentes.

 

La defensa clara de la justicia en las intervenciones del obispo de Sao Felix implica una opción nítida por la paz y la no violencia. «Nunca he defendido ni defiendo la lucha armada ni la caída del régimen. Ni las guerrillas. Soy, eso sí, totalmente contrario a toda dictadura, capitalista o comunista, militar o civil. Estoy contra toda violencia y contra todo lo que atenta contra los derechos humanos, sea en América Latina o en la Siberia.» (Declaraciones a la revista Yelda, año 1977).

 

1977 también será un año duro. Durante cinco meses el obispo Pedro es objeto de titulares de prensa, polémicas nacionales, bajo la acusación de “comunista y subversivo”. Parece organizarse una campaña contra los obispos de Goias y Sao Felix. Cada vez va quedando más clara la importancia de la persecución contra la iglesia valiente de Brasil. El 24 de enero de 1978 del arzobispado de Sao Paulo publica un informe sobre la represión contra la Iglesia en Brasil 1968-1978. Los datos son escalofriantes (habla de religiosos detenidos, algunos torturados, otros asesinados, laicos arrestados, amenazas de muerte contra obispos, expulsiones de sacerdotes extranjeros…).

 

A pesar de esta presión sufrida, la vida de Casaldáliga y su equipo a finales de los años setenta se desarrolla en un contexto de trabajo cotidiano, atención a las personas en la gran variedad de sus situaciones vitales, colaboración con movimientos y coordinadoras de reivindicación social, compromisos con el CIMI, la CPT.

 

Los escritos de Pedro acompañan sus hechos. Cada mes se dirige a su pueblo a través de Alvorada, boletín de la Prelatura, que es el vínculo de comunicación del pueblo y las comunidades durante años. La represión, en sus mejores tiempos falsificó varias veces su edición. Desde el boletín, cada mes, Pedro ha hablado con su gente.

 

1981 fue una fecha simbólica: diez años de “caminhada”, de vida del obispo Pedro al servicio de su pueblo. Los obispos brasileños aprovechan estas fechas para nombrar al obispo Pedro “Vicepresidente de la Comisión Pastoral de la Tierra”, vinculada a la Conferencia Episcopal, premiando así su constante trabajo en favor de la defensa de los “posseiros”.

Los reconocimientos no impiden la parte dolorosa del andar del equipo de la Prelatura. El equipo completo es sometido a persecución, en muchas ocasiones violenta. El mismo Pedro es agredido por dos “matones”, cuyas actividades habían sido denunciadas a Alvorada. Vuelve a haber rumores de expulsión.

 

En 1983 el obispo Pedro recibe el reconocimiento de su pueblo natal que le llama “Hijo Predilecto de Balsareny”.

 

Desde su llegada en 1968, el obispo Pedro no había abandonado Brasil. Ni siquiera cuando su madre murió, en 1983. Las razones eran bien claras y manifestadas a menudo por él mismo:

 

«No salí por miedo a no volver a ser admitido en el país. Cuando llegué a Brasil por primera vez me hice el propósito de no salir más. Era como quemar las naves».

 

Con todo, en 1985, Casaldáliga viaja a Nicaragua para apoyar con su presencia la huelga de hambre de Miguel D'Escoto, Ministro de Asuntos Exteriores de Nicaragua. El viaje no es particular, sino apoyado por la Prelatura de Sao Felix que celebra simultáneamente jornadas de ayuno en apoyo a Nicaragua. En 24 horas Casaldáliga consigue reunir el apoyo de 23 obispos y la solidaridad de más de 200 asociaciones cívicas, religiosas y sociales de Brasil, al ayuno de d'Escoto. El viaje se convierte en noticia internacional, de él se hacen eco los medios de comunicación sociales.

 

Casaldáliga deja bien claro el sentido de su gesto: gesto evangélico por la paz, por la autodeterminación y la no intervención en Nicaragua y en el América Central. «Quería contribuir de alguna manera a sacudir la conciencia del Primer Mundo ante lo que sucede en América Central». (Declaraciones en La Vanguardia el 30 de julio de 1985).

 

América Latina (la Patria Grande) lleva muchos años en el corazón de Pedro, pero esta primera salida lo reafirma más. Desde entonces, de manera mucho más exteriorizada, su nombre se vincula a la lucha siempre pacífica por una Centroamérica diferente, por una América recobrada por la verdadera democracia, instaurada sobre la justicia, la paz, la libertad y el respeto a los derechos humanos.

 

«Hay que sentir Centroamérica como una unidad de destino, como una fraternidad. Hay que abrir los ojos a lo que de verdad sucede en Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Honduras y Costa Rica. Con libertad de espíritu ante el imperio. Hay que inventar gestos de solidaridad evangélica. Hay que vivir en insurrección evangélica ante la agresión. Es hora de perder el miedo a la historia y a la profecía». (Declaraciones hechas a Vida Nueva, al final de su viaje, en 1985).

 

En mayo de 1987 Casaldáliga vuelve a salir de Brasil. Esta vez visita en México a los refugiados guatemaltecos, en Chiapas, Campeche. Vuelve a visitar El Salvador, Nicaragua y Panamá.

 

«Veo la necesidad de estar cerca de la gente que está viviendo las consecuencias del difícil conflicto político-militar, en los frentes de guerra, en los campos de refugiados». (Declaraciones hechas en la revista italiana Nunc, en 1988).

 

En 1988 hay un hecho importante en la historia de la prelatura y su obispo. Casaldáliga realiza por primera vez su visita “ad limina” a la Santa Sede y se entrevista con Juan Pablo II. En condiciones normales el obispo habría hecho esta visita antes. Las opciones de vida de Pedro, sus dificultades para salir del país y su visión crítica de la verdadera (evangélica) eficacia de estas visitas retrasan su realización.

 

El viaje de Pedro al Vaticano se convierte también en noticia internacional. No es sino otro gesto del obispo para participar a las autoridades de la Iglesia las preocupaciones, las vidas y las muertes de los hombres y mujeres de América Latina, especialmente de los más desfavorecidos. Antes de visitar al Papa, Pedro se había dirigido por carta a él para trasladarle sus preocupaciones y las de su pueblo. La prensa internacional se hace eco del viaje.

 

En medio de noticias de supuestas tensiones entre Casaldáliga y la Curia Romana, son muchos los colectivos cristianos que, en todo el mundo, levantan sus voces para expresar su apoyo a la labor del obispo de Sao Felix. En el caso de España son más de dos mil los católicos que escriben a Juan Pablo II para pedirle que nadie “cuestione, inquiete o interrumpa la enorme labor evangélica que está realizando”. Más de veinte obispos hacen llegar también su voz: «Nada les obligará a renunciar al servicio de los pueblos indígenas, hacia el proceso de los campesinos y obreros y hacia la solidaridad latinoamericana, especialmente en los pueblos hermanos de América Central».

 

Tampoco al dirigirse a las jerarquías de la Iglesia Católica el obispo Pedro abandona sus convicciones:

 

«La solidaridad es más que un derecho. Es un deber. Es el amor hecho público, colectivo, político. Ahora más que nunca debemos asumir y concretar eficazmente nuestra solidaridad con los pueblos e iglesias de Centroamérica y particularmente con la prohibida de Nicaragua. Yo, por mi parte, seguiré siendo solidario con todas mis posibilidades, hasta la muerte».

 

En 1989 Pedro vuelve a Centroamérica. En 1990 se conmemora el vigésimo aniversario de la constitución de la Prelatura, momento de hacer balance de veinte años de “caminhada”. La iglesia de Sao Felix lo hace. Algunas cosas han cambiado, otras se pueden mejorar. Van llegando reconocimientos a nivel mundial. La Generalitat de Cataluña le otorga la “Cruz de San Jorge” por su contribución a la cultura catalana.

 

Pero el nombre de Pedro Casaldáliga vuelve a saltar a los medios. Es a finales de 1990 cuando Adolfo Pérez Esquivel, argentino, Premio Nobel de la Paz, presenta la candidatura de Casaldáliga al Premio Nobel de la Paz. “Voz de los que no tienen voz”, “profeta y poeta”, llama Esquivel al obispo de Sao Felix. Un acto multitudinario sirve desde Cataluña para apoyar esta petición.

 

Son muchos los colectivos y personas que se movilizan apoyando la iniciativa: más de 60 ayuntamientos catalanes, diputados y senadores, eurodiputados, personalidades del mundo de la cultura, de la política, de la educación, asociaciones y entidades de cooperación internacional, cristianas y no cristianas, trabajadores de la información, profesores universitarios, estudiantes…

 

En Cataluña y en otros lugares de Europa el obispo Pedro sigue siendo una reivindicación de lo que aún es posible, una llamada a la generosidad y al compromiso, al Hombre Nuevo. Así lo entienden personas que han utilizando su nombre para nombrar sus organizaciones: “Amigos del obispo Pedro Casaldáliga”, “Comunidad Amerindia Pere Casaldàliga”.

 

El siguiente año Pedro hace su quinto viaje a Centroamérica. Esta vez más especial: El Salvador; participa en la celebración de aniversario de la muerte de Monseñor Oscar Romero. También acompaña a los jesuitas de la UCA, donde pocos meses antes habían asesinado a Ellacuría y compañeros. El viaje, evidentemente, es emocionante.

 

En 1991 son los primeros veinte años de ministerio episcopal. Él, camina con su gente, pero sigue levantando la voz por todo el mundo, recuerda a todos, en sus cartas habla de los panameños ocupados, del pueblo de Timor, de los palestinos. Sus escritos son un repaso del mapa del mundo: Guatemala, El Salvador, los desaparecidos, Honduras, Brasil.

 

«La post-modernidad, el post-socialismo, el post-todo de “ellos”, puede ser nuestro principio de todo. Quizás el principio de la Democracia, la verdadera, para cada persona, para todos y cada uno de los pueblos y no solamente para las personas privilegiadas o por privilegiados pueblos del primer mundo». (Carta circular de enero 1991).

 

En 1992 el Nobel no llega, pero el premio recibido por Rigoberta Menchu fue una gran alegría para el obispo Pedro. El cambio en las instituciones de Brasil no se tradujo en una situación radicalmente diferente: los asesinatos de “posseiros” han continuado. El boletín Alvorada se ve obligado a seguir denunciando la injusticia. La Prelatura no se resigna a la producción sólo literaria. Verbo Films produce en 1990 la película “Amerindia”, escrita por el propio obispo Pedro, como contribución a la conmemoración del V centenario.

 

Desde su pequeño rincón del mundo donde tiene cabida todo el Universo, Casaldáliga sigue haciendo oír su voz, una voz profética, acompañada por hechos y gestos. El obispo Pedro quiere llevar más allá la democracia:

 

«Nosotros estamos viviendo ahora la ilusión de la democracia, la cual por no ser una democracia económica, no es democracia. Ni es democracia política. Ni evidentemente democracia social. Ni es democracia cultural. El indio y el negro no caben. Las minorías étnicas, del tipo que sean, tampoco».

 

«Sólo en la medida en que el Primer Mundo deje de ser Primer Mundo podrá ayudar al Tercer Mundo. Para mí eso es dogma de fe. Si el Primer Mundo no se suicida como Primer Mundo, no puede existir “humanamente” el Tercer Mundo».

 

Sus grandes obsesiones siguen vivas: “los indígenas”, “los negros”, “los campesinos”. «El gran pecado económico-social de América Latina es el no haber hecho la reforma agraria». El mundo obrero, las ciudades, siguen en su preocupación.

 

Pero sobre todo sus compañeros de camino: los pobres. Cuando mucha gente comienza a anunciar la muerte de las utopías, Casaldáliga vuelve a clamar suavemente:

 

«Parece que cada día hay más gente en la Iglesia, y en el mundo, que se muestra cansada de oír hablar de pobres y de “opción por los pobres”. Sería importante, vital, que estos señores entendieran que son muchos los que hace más tiempo están cansados de ser pobres». (Las últimas citas reproducidas son de una entrevista en la revista Éxodo, Madrid 1990).

 

En el año 1994, se refuerza la idea de continuar haciendo la Romería al Santuario de los Mártires, ya que todavía hoy son muchas las personas que son muertas por su lucha por las causas de la defensa de la tierra, los indígenas, los derechos humanos…

 

Durante estos años, gracias al equipo del obispado de Sao Felix se han llevado a cabo muchos proyectos para ayudar al desarrollo de la región, muchos de los cuales ahora se aglutinan en la asociación ASA (Asociación Nossa Senhora de Assunçao), minicréditos solidarios, gabinete de Derechos Humanos, producción de zumos de fruta natural, colaboración con la Fundación Fontilles por la prevención y tratamiento de la Hansiniasis (lepra)…

 

La credibilidad de la Prelazia ha hecho posible que estamentos universitarios de Sao Paulo se interesaran por llevar algunas Facultades a la región, de modo que en el pueblo de Luciara, la gente de la región puede estudiar algunas licenciaturas como Matemáticas, Biología, Estudios Empresariales, etc…

 

Durante estos años la región de Sao Felix ha duplicado en número de habitantes, algunos pueblos que, cuando Pedro llegó, no existían ahora tienen más de veinte mil habitantes.

 

Aunque en muchos aspectos ha habido una gran mejora: la escolarización en la primaria está bastante garantizada, hay algunos médicos y algunos centros médicos del estado. Muchos de los mismos problemas siguen vivos. Por ello, el equipo de la Prelazia debe continuar velando y denunciando el cumplimiento de los derechos humanos. Por ejemplo, los pueblos indígenas, que a pesar de tener sus tierras reconocidas, siguen siendo ocupados por los terratenientes y despreciados por parte de la población. La reforma agraria sigue siendo una promesa incompleta.

 

El trabajo de denuncia constante hecho por Casaldáliga, ya desde la primera Carta Pastoral sobre la existencia de esclavitud en el Matogrosso, se hace patente por ejemplo en el año 2005 con la liberación en la “fazenda Gameleira” de 1.200 trabajadores de caña de azúcar en régimen de esclavitud.

 

En 2003 Pedro cumple los 75 años y presenta la renuncia al Papa, que es aceptada; pero habrán de pasar más de dos años, y después de muchas incertidumbres sobre el futuro de Casaldáliga, hasta que el Vaticano nombra al que será su sucesor al frente de la Prelazia.

 

El nuevo obispo, Dom Leonardo Ulrich Steiner, franciscano, nacido en el estado de Santa Caterina en el sur de Brasil, acepta que Pedro continúe viviendo en Sao Felix y trabajando por su Obispado, de modo que la sucesión se hace de forma progresiva.

 

Casaldáliga continúa siendo una voz referente de las causas de los más pobres, y aprovecha su condición de obispo emérito, para escribir los libros que durante estos años al frente del Obispado no ha podido. Algunas de estas publicaciones son: “Antología Personal”, “Cartas marcadas”, “Cuando los días dan que pensar”.

 

En el momento de su jubilación, son muchas las organizaciones e instituciones que quieren homenajearlo. Recibe el premio Honoris Causa por la Universidad de Campinas, por la universidad del Mato Grosso. Y en 2006 recibe con un especial agradecimiento y satisfacción el Premio Internacional Catalunya, otorgado por la Generalitat de Catalunya.

 

Actualmente, y ante las serias y renovadas amenazas de muerte, las autoridades policiales le han convencido para que se aleje de Sao Felix. Recluido en casa de un amigo misionero, a más de mil kilómetros de distancia de su gente, la decisión del Tribunal Supremo de Brasil de que se devuelvan las tierras usurpadas al pueblo indio xavante, en gran parte debida al trabajo de denuncia de la Prelatura, está en el origen de estas medidas de protección, que Pedro Casaldáliga aventura sólo temporales.

 

Muy interesante para quien quiera degustar su poesía y su pensamiento:

 

Página de Pedro Casaldáliga.

 

Se me hace tarde, y concluyo este trabajo de recopilación con este poema suyo:

NUESTRA HORA

Es tarde

pero es nuestra hora.

Es tarde

pero es todo el tiempo

que tenemos a mano

para hacer el futuro.

Es tarde

pero somos nosotros

esta hora tardía.

Es tarde

pero es madrugada

si insistimos un poco.

 

(Fuente: http://mavs-mipequenomundo.blogspot.com.es/2012/12/pedro-casaldaliga-su-vida.html)

 

 

 Página de Pedro Casaldáliga.

 

http://www.servicioskoinonia.org/Casaldaliga/